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Se cumplen 44 años de golpe de Estado en Chile

 

 

Luego de varios intentos fallidos, los militares chilenos, dirigidos por Augusto Pinochet y financiados por los imperialistas estadounidenses, perpetran uno de los golpes de Estado más sangrientos en la historia de América Latina, instaurando una dictadura extremista que oprimió a esa nación por décadas y de la que aún se siguen sintiendo las secuelas.

El siglo XX se caracterizó por ser una época donde los gobiernos socialistas, influidos por la Revolución de octubre en la Unión Soviética (actualmente Rusia y otras naciones) y la Revolución cubana, inspiraban a los movimientos sociales a la toma del poder por distintas vías, pero principalmente, la vía armada.

Fue así como las terribles dictaduras derechistas de Centroamérica y el Caribe eran combatidas por guerrillas conformadas en el seno de los pueblos, quienes, acorralados por las difíciles condiciones y la imposibilidad de acceder al camino democrático, no tenían más opciones que empuñar las armas. No fue este un fenómeno exclusivo de América, la lucha de clases armada se produjo en todo el mundo a través de guerras civiles como la española, o guerras de liberación nacional como las de Vietnam y Corea del Norte.

Parecía que una revolución, para llegar al poder, no tenía otro camino que la rebelión armada. No obstante, en Chile se produjo un fenómeno único en la historia, un gobierno socialista llegó al poder por medio de elecciones, y amenazaba con remover toda la estructura burguesa por medio de reformas democráticas, instaurando un Estado de los trabajadores.

La victoria de la coalición izquierdista Unidad Popular, encabezada por Salvador Allende, obtuvo una histórica victoria en las presidenciales del 4 de septiembre de 1970. Con la promesa de construir el socialismo, el Gobierno puso en marcha un plan denominado “La vía chilena al socialismo”, en la que se mezclaban las acciones políticas marxistas radicales, aplicadas por medio de la vieja máquina estatal burguesa. Las acciones como la nacionalización del cobre, la expropiación de empresas improductivas por los propios trabajadores, la conformación de los cordones industriales, los consejos comunales y decenas de formas organizativas y de acción del pueblo, despertaron la furia de la oligarquía chilena.

En 1973 el fascismo aupado por EEUU derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende FOTO CORTESÍA

NO LO PODÍAN PERDONAR

Reflexionado sobre los acontecimientos en Chile de 1973, el revolucionario albanés, Enver Hoxha, a propósito de las acciones que venía ejerciendo Allende contra las multinacionales y contra la burguesía y terratenientes, escribía: “¿Podían los latifundistas chilenos perdonar a Allende esta línea y esa actividad, viendo que su tierra era distribuida a los campesinos pobres? ¿Podrían soportale los empresarios de Santiago que habían sido expulsados de las fábricas al ser nacionalizadas? ¿O bien las compañías norteamericanas, que habían perdido su poderío? Era seguro, que estos se confabularían un día para derrocarlo y reestablecer sus privilegios perdidos”.

EL SABOTAJE A LA ECONOMÍA

Ante la creciente popularidad de Allende, no solo en Chile, sino en toda América Latina, los Estados Unidos sentían la presión y el peligro de una reacción en cadena que expandiera el socialismo en todo el continente. Miles de luchadores izquierdistas de toda la región encontraban refugio en Chile, además el acceso a la Unión Soviética en Suramérica, era posible a través del Gobierno de la Unidad Popular.

Frente a esta amenaza a sus intereses, el presidente de Estados Unidos para ese entonces, Richard Nixon, según documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), solicitó “pegarle a Chile en el trasero” por haber nacionalizado el cobre.

Nixon pidió a su secretario de Estado, Henry Kissinger, que hicieran “chillar la economía de Chile”. El saboteo financiero y económico no tardó en manifestarse. Los productos de primera necesidad, las medicinas y posteriormente otros productos, comenzaron a escasear; las largas colas y la especulación comenzaron a ser una constante en todas las ciudades del país austral.

EL TERRORISMO

Junto al sabotaje a la economía, del cual se culpaba a Allende, se producían acciones terroristas, en las cuales eran asesinados altos cargos del Gobierno, a militares leales y a simples empleados.

En el documental, La Batalla de Chile, se observan testimonios terribles de las acciones de los fascistas financiados por el partido socialcristiano y el partido Patria y Libertad. Otras investigaciones y reportes dan cuenta de las amenazas, las trancas de calle y las intensas campañas mediáticas por personeros que, abiertamente hacían llamados al golpe de Estado.

EJÉRCITO Y OLIGARQUÍA

Los comandantes revolucionarios Fidel Castro y Hugo Chávez, al hablar de la situación de Chile en esa época, hacían mención en tono crítico a las arengas de Salvador Allende, en las que afirmaba que la vía chilena al socialismo era una revolución pacífica y desarmada, pensando que, con esto, no existía la justificación para un golpe de Estado.

Allende, según ellos, no entendió que una revolución es una acción que levanta la ira de sectores poderosos que no se detienen ante nada para mantener sus privilegios. El ejército fue un factor clave, creyendo en la inmaculada imparcialidad profesional de las fuerzas armadas en un Estado democrático, Allende se negó a influir en las tropas, dejándolas a merced de la propaganda y del control de sus enemigos, quienes no vacilaron en azuzar sus armas contra el pueblo.

SECUELAS

La mañana del 11 de septiembre de 1973, comenzó el asedio por tierra contra el Palacio de La Moneda en Santiago, capital chilena. Poco antes del mediodía, comenzaron los bombardeos, los mismos que produjeron un incendio en la sede presidencial. Poco después de entrar en el palacio, se produjo la muerte del presidente Allende en extrañas condiciones, aun no se ha determinado si se suicidó o fue ultimado por los golpistas.

El baño de sangre que se produjo luego de que Augusto Pinochet asumiera la presidencia, fue una de las páginas más sangrientas en Latinoamérica. Enver Hoxha escribió un mes después: “Las fuerzas de derecha, que llegaron al poder por medio del golpe de Estado del 11 de septiembre, están imponiendo semejante terror que hasta los hitlerianos les envidiarían. La gente es asesinada y masacrada en plena calle, en los centros de trabajo, en todas partes, sin juicio y bajo cualquier pretexto. Incluso los estadios deportivos han sido convertidos en campos de concentración”.

¿PUDO ALLENDE EVITAR EL GOLPE?

Una de las cosas que deben quedar claras, es que Allende sabía lo que iba a suceder, la derecha conspiraba abiertamente, cada tres días era asesinado un miembro de la Unidad Popular e incluso, los fascistas ya habían ejecutado un intento de golpe militar que fracasó; el ejército, sin autorización del Ejecutivo realizaba redadas para decomisar armas y detener a líderes sindicales y comunitarios. Se preparaban las condiciones para el golpe en frente del propio presidente de la República.

A pesar de todo esto, Allende no confió en el pueblo para la defensa de sus conquistas, pensaba que las elecciones y el juego democrático eran la única arma posible para combatir a los reaccionarios, y se negó a armar a las masas populares. Pese a las exigencias del pueblo, Allende no permitió los juicios populares y la violencia revolucionaria para frenar el fascismo, a la larga esto le costó la vida.

ALEJANDRO GIL RIVERO

CIUDAD BQTO

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