viernes , diciembre 15 2017
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Opositores, bienvenidos a la dictadura de Henry Ramos Allup

No ha habido aplastamiento político similar en los últimos años como el que Henry Ramos Allup acaba de propinarle a esa generación, denominada por él, lechuguina y petrimetre. En términos sencillos: un club de narcisos, arrogantes y brutos.

Freddy Guevara, hoy, tiene quizá su mejor categorización como espécimen gracias al viejo zorro adeco.

La trifulca que transcurrió en medio de las primarias no vincula en ningún momento a lo que denominan dictadura, ese fantasma represor que sólo habita en sus tuíter. No propinó ni los carajazos ni lanzó las piedras, ni agredió a los periodistas zulianos durante esa democrática jornada. Tampoco contrató al Tren de Aragua, banda criminal casi al nivel de un grupo paramilitar, para robarse las elecciones, de acuerdo a la acusación de Primero Justicia a Ismael García. Lo que tanto decían que haría Tibisay Lucena y el chavismo en unos próximos comicios, sean regionales o presidenciales, ese robo de votos descarado y atemorización de electores mediante “colectivos”, terminó haciéndose realidad por mano y recursos propios.

Fueron ellos mismos, solitos, sin ayuda nuestra, quienes se dieron la tarea de violarse los derechos humanos: en los medios opositores resaltan los relatos de robo de votos, de sabotajes para evitar contar los resultados; piedras iban y venían para agredirse entre ellos. La MUD convirtió su principal demanda (“las elecciones”) en una amenaza para el país y para sus propios seguidores. Contradictoriamente el país está sancionado por los gringos supuestamente por eso, por evitar que la oposición se expresara libremente. Si es así, por el bien del país, entonces como que mejor no hasta que resuelvan sus conflictos entre ellos.

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Pero como Human Rights Watch ni Amnistía Internacional, así como ninguna otra ONG financiada por Estados Unidos, contabilizan los delitos y crímenes cometidos por la oposición, nada lo ocurrido es relevante. Si poco importa que ellos pagaran para asesinar chavistas y generar violencia, es una pequeñez el sencillo hecho de que se robaran los votos entre ellos, se cayeran a golpes y como respuesta ante el fracaso pidan más sanciones internacionales. El país pagando por sus rollos internos.

Todos los eventos -de violencia- que alucinaban en unas elecciones Chavismo vs. MUD, la gran campaña para desconocer una eventual derrota, la adelantaron par de meses. Y los tuvo como protagonistas imbatibles, no pudieron con las ganas.

“Los colectivos” asesinos y pagados por Maduro que tanto denuncian, esa fantasmagoría que tanto los persigue, no es más que una proyección psicológica de lo que son en el fondo, un club de malandros haciendo política: para la historia quedarán los 200 millones no declarados de Tintori, la golpiza en sus primarias, los crímenes de odio contra el chavismo y la destrucción de ciudades, el silencio ante la promesa de intervención militar de EEUU, el financiamiento de bandas armadas como El Tren de Aragua. Crímenes políticos contra el país al no ser preocupación del derecho internacional, pasan desapercibidos.

La guarimba, ese espacio de confluencia entre malandros y carajitos intoxicados, se reactivó en un evento electoral interno del antichavismo. Si eso no dice bastante de lo que hoy los identifica, no creo que otra cosa lo haga mejor.

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No es la primera vez que Henry Ramos Allup intenta sepultar a una generación de Chicago Boys. En aquel entonces, por allá en los años noventa, los hijos de la globalización, hermanos del tuíter y mejores amigos de planes políticos suicidas, eran Moisés Naím, Paquetico Rodríguez y otros. Conspirando contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, el amo de su partido, Henry sobrevivió al defenestramiento del último gobierno adeco adornado de niños bien. Cuando murió definitivamente la Cuarta República, ahí estaba llevando las velas, con su sonrisa de abuela desgraciada.

Ahora el turno en la aplanadora es de Freddy Guevara y su combo, los Moisés Naím y Paquetico Rodríguez de este tiempo que tampoco contaron con la suerte de encontrar muerto (política y físicamente) a Henry Ramos Allup. En un evento signado por las maquinarias, golpizas entre cabilleros y escasa participación, se transformó en jefe de la oposición siendo leal a la historia del antiguo partido. Una renovación histórica a base de carajazos.

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El zorro viejo hizo notar que Voluntad Popular y Primero Justicia son partidos constituidos por las menciones en redes sociales. Una creación artificial que por más guarimbas que ejecute, tenderá a morir en los retuits. Siendo el nuevo jefe de la oposición ahora, Henry impone su propio cálculo vengándose de Voluntad Popular por intentar llevarlo al despeñadero entre objetivos incumplibles en 2016 cuando lo hicieron presidente del parlamento.

Fantasmas como el diálogo, Tibisay leyendo resultados de una elección regional y Maduro concluyendo su mandato, ahora vuelven de la mano de uno de los políticos más pilas y rechazados por esta generación. Bienvenidos a la dictadura adeca, otra vez, para malestar exclusivo de una oposición que soñaba con que millenials clase media gobernaran su país, a imagen y semejanza del tuíter. Ahora la vida política de esta generación depende él, bien podría usarla como esclava, bien usándola como parachoque para blindarse ante la Constituyente. Freddy Guevara al final entendió que está haciendo política frente a un viejo calculador que sobrevivió al cisma de La Cuarta.

Poco le importa a Ramos Allup los insultos en su contra, la baja participación en las primarias y el descontento generalizado. Él sabe que eso de las redes sociales son juguetes de adolescentes que poco impacto tienen a la hora de la real politik. Contrario a lo que dice la prensa mundial sobre la represión del Gobierno de Maduro, la herida de muerte al siglo XXI opositor, esa entrada a la definitiva modernidad de presidentes muñecos de torta al estilo Macron o Peña Nieto, la propinó Henry Ramos Allup contra el subproducto venezolano de ese fenómeno global: Freddy Guevara y su combo Guitar Hero.

Hasta el día de su muerte seguirá jodiendo a todos aquellos que, por ser más jóvenes, lo quieren dejar fuera del juego

MISIÓN VERDAD

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