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JOSÉ GREGORIO LINARES / LETRA BOLIVARIANA Bolívar: agricultura, alimentación y soberanía

Bolívar fue un activo promotor de la agricultura. Para él, la producción agrícola era un componente vital de la independencia de nuestros pueblos. En ese sentido, promulga una serie de decretos y dicta una serie de medidas: 1) crea las juntas de agricultura y comercio (mayo de 1820), 2) promulga el decreto sobre estadística agraria y fomento de la agricultura (diciembre de 1825), 3) aprueba disposiciones de conservación y buen uso de las aguas y de financiamiento del Estado a los agricultores (diciembre de 1825). En estos decretos y acciones está el fundamento de la seguridad, defensa y soberanía alimentarias que gobierno y pueblo unidos nos hemos propuesto conquistar.

En el decreto de creación de “juntas provinciales de agricultura y comercio”, Bolívar explica que el propósito de las mismas es “promover la agricultura en todas sus ramas, presentar al pueblo proyectos de mejoras y reformas, divulgar el conocimiento de los principios científicos de estas artes, facilitar la adquisición de libros y manuscritos que ilustren al pueblo en esta parte, animando a los propietarios a emprender el cultivo de diversas plantas (añil, cacao, café , algodón, olivo y vid) detallándoles los terrenos que ofrezcan más ventajas, premiando debidamente a los que se aventajaren en cualquier género de cultivos y a los que inventen, perfeccionen o introduzcan cualquier mejora; incentivar a los agricultores abriendo caminos cómodos y accesibles para facilitar la comercialización de sus productos”. En el mismo sentido, en el decreto sobre estadística agraria y fomento de la agricultura de 1825 insta a cada gobernador a que “proponga al gobierno un plan para mejorar la agricultura, así en la variedad y aumento de las mieses (terrenos en los que se cultiva) y plantas, como en los instrumentos y modo de labor para la tierra”. Ese mismo año impulsa el decreto de conservación y buen uso de las aguas en el que ordena “que se visiten las vertientes de los ríos, se observe el curso de ellos y se determinen los lugares por donde pueda conducirse agua a los terrenos que están privados de ellos”. Allí también plantea el financiamiento por cuenta del Estado de aquellos rubros agrícolas con mayor potencial. Ordena “que en todos los puntos en que el terreno promete hacer prosperar una especie de planta mayor cualquiera, se emprenda una plantación reglada a costa del Estado, hasta el número de un millón de árboles”.

Esta legislación y medidas no eran aisladas, iban unidas a la entrega de tierras al pueblo. Por esta razón, ya desde 1817 promulgó la Ley de Repartición de Bienes Nacionales, mediante la cual se hace un acto de justicia a los soldados y oficiales, quienes “han sostenido y sostienen la desastrosa guerra de la Independencia, sin que ni ellos ni sus familiares tengan los medios de subsistencia”. Asimismo, a partir de 1820 emite decretos de reparto de tierras entre los indígenas quienes, hasta ese momento, “han carecido del goce y posesión de ellas”.

La oligarquía se horrorizó con los decretos del Libertador. Hoy quisieran evitar que el Gobierno Bolivariano y el pueblo dejaran de impulsar las políticas de producción agrícola y de seguridad alimentaria inspiradas en él. Pero en cada comuna agrícola, en cada fundo zamorano, en cada patio productivo, en los CLAP y en el voluntariado de agricultores nacionales ¡Bolívar vive!

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