viernes , noviembre 27 2020
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LETRA FRÍA

Nada como reconciliarse con un poeta amigo, hermano en realidad, tenía varios años sin visitarlo en Paso Real y me encantó ver cómo ha crecido ese recinto que viví desde las primeras piedras, la casa está hecha de ellas. Un día publiqué una nota ruda sobre nuestro jefe del pasado, nuestro querido Douglas Bravo, y como nunca, no confirmé la fuente, y puse la torta, –mi amigo como maracucho que es, enfureció–, al cabo de un tiempo publiqué mi error en estas mismas páginas para “desfacer el entuerto”, pero la bravura no cedía.

No recuerdo como recomenzaron las llamadas hace unas semanas y este fin, estando en Barquisimeto en una reunión con Miriam y Daniela Montero, para un documental de la galería LEA y la reedición del disco de Soto y Riera; cuadramos para la visita a su guarida poética y me compré dos kilos de costillitas de cochino y dos de res. Menos mal, porque allí estaba su hijo guajiro Jonás, Blanca y sus cuatro guajiritos, entre los cuales noté que ya descubrió el poeta y el periodista.

Jonás se encargó de las brasas y yo del adobo sencillo, sal rosada del Himalaya, ajo y oregano recogido del huerto, con dos kilos de yuca fue la cena del sábado, mas dos linajes que duraron exactos. Esa misma noche montamos la sopa pero ahí si entregué las riendas a la culinaria guajira y esa fue la vianda de todo el domingo con pata de elefante incluida. Grato encuentro con el hermano y maestro literario.

Hace más de 30 años, recién salido de la cárcel de Sabaneta, fuimos con Nelson Dávila a llevar una carta a un guerrillero en las montañas de Portuguesa. Y me dijo: manejá vos que te voy a leer este kilo de poemas… al tiempo que me mostraba un cartapacio inmenso de manuscritos. No ha perdido la costumbre, en dos días me leyó 147 poemas, incluidos los de memoria, –casi tres cuartos de kilo–, entre suyos, y los de Hugo Fernández Oviol y Servando Garcés, más el texto que leyó en un homenaje reciente que le hicieron. Afortunadamente no hablamos de política. Jajaja…

La poeta Esmeralda torres, cuando supo de mi visita, me dejó este poema de Tito en el facebook

Lo asedia la luz/ en el asombro del fulgor/ el poeta se sumerge en las tinieblas/ sobrevive entre escombros/ resiste las asperezas del día la súbdita vulgaridad de la/ ignorancia/ los cuchillos/ el vejamen feroz de la razón/ El amor/ lo rescata del abismo/ sacude el polvo de sus atavíos/ lo convida al ágape/ lo aproxima al templo de los/ poderosos/ le otorga efímeros odres/ cálidas sangres de otros cuerpos/ voces musicales/ miradas tenues y profundas./ Sabio, el amor,/ lo deja en el encanto/ hasta el nuevo derrumbe/ en el eterno sacrificio de la luz.

HUMBERTO MÁRQUEZ

 

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