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¿Si gusta?

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La tradición culinaria deja sobre la mesa barquisimetana comidas muy laboriosas en su proceso de cocción, más no en su presentación, como el lomo prensado, chinchurrias y olleta. Los sabores no son delicados, la gastronomía guara es muy gustosa, epicentro de sensaciones, con un dulzor logrado con dosis exactas de papelón, azúcar caramelizada o “aliños dulces” como el anís.

El investigador de la cocina larense, Juan Alonso Molina, narra que el mayor consumo de proteínas viene del ganado vacuno, porcino, caprino u ovino, cuyo sabor en esta tierra es agreste. También los derivados de la leche –que se consume tibia con migas de arepa y un punto de sal-, suero, crema y quesos recreados en inventos: rellenos, condimentados, coloridos.

Los desayunos suelen ser muy ricos en proteína pues las arepas se acompañan con carnes gustosas como cochino frito, mechada y mejor tostadita a modo de pata e’ grillo; granos como la caraota frita; huevos  revueltos, enteros o en perico.

En la mesa del barquisimetano que se respete no falta un ajicero, muchas veces preparado con suero y preferiblemente en tapara.

El acto mismo de comer sentados en la mesa es un ritual que se disfruta en familia donde siempre hay lugar para quien llega de improviso y se le invita: ¿Si gusta?

LA CITA

“Beber suero es para el barquisimetano un placer que otros paladares no suelen disfrutar. Esos sabores rotundos nos resultan apetecibles”.

Juan Alonso Molina». Autor del libro “Lara a pedir de boca”

¿SABIAS QUÉ?

Las migas en la comida cotidiana son todo un género fascinante, a decir del autor del libro “Lara a pedir de boca”, Juan Alonso Molina. Las arepas se desmoronan sobre las sopas, granos y revoltillos. ¿A quién no le gusta unas migas con suero y aguacate, o con mantequilla, queso y huevos?

¿Cuántos estados del país pueden identificarse con una bebida en particular? Nuestro agave cocuy, con denominación de origen, es elixir recio que agradece el paladar y busca hacerse dócil combinado con frutas o macerado en chuchuguaza.

Anécotas

Hace casi 40 años, Oscar y Teresita se propusieron rescatar la empanada criolla del olvido al que la había rezagado el boom de la chilena. Montaron su negocio, pero no lograban lo que querían, casi no vendían. “Oscar dijo: tenemos que hacer algo que llame la atención con nuestra empanada. Guapeamos un tiempo más, hasta que un día se le ocurrió: Tere, ya sé lo que vamos a hacer, vamos a meter el pabellón en una empanada. A mí al principio me pareció descabellado y no le hice caso. Como a los dos días me preguntó ¿qué pasó con la empanada que te dije que me hicieras? Entonces la preparé. Su reacción fue decirme: ¡Ná guará! Hazte una y la pruebas para que veas lo deliciosa que es. Los sabores eran una cosa espectacular”.

Cuentan que cocinaron otras 10 y las obsequiaron a las personas que pasaban a pie o en carro. “No vas a creer, todos los que recibieron una empanada volvieron”. Los visitó un periodista de un medio nacional, muy respetado, que publicó un artículo sobre su descubrimiento culinario y a partir de allí circuló la noticia.

Quisieron servirlas en platos especiales y pidieron a Miguel Ángel Peraza, Premio Nacional de Artesanía, radicado en Quibor, que los elaborara. “Que se sienta que nuestra empanada tiene dignidad, que no la coman como la última opción sino porque es una delicia y muy nutritiva”, expresa Teresita, quien revela que agregan maíz molido a la masa tradicional, la carne mechada tiene un no sé qué heredado de mezclas ancestrales, dulzor de papelón y sabor de especias.

Desde entonces están ubicados en su Restaurant Oscar y Teresita, en la carrera 17 entre calles 27 y 28.

A escondidas

Cuenta la historia local que los esclavos africanos llevados a El Tocuyo  tomaban a hurtadillas puñados de trigo, le agregaban el papelón que quedaba pegado en las ollas y algunas especias. Para no ser descubiertos, cocían la mezcla amasada en hornos subterráneos, hasta que fueron descubiertos y castigados, pero desde entonces salió a la luz esa amalgama tierna que agua la boca y a la que pocos pueden resistirse.

Barquisimeto es la casa de panaderías artesanales de donde salen tibias variedades como piñita, pan de leche, cortadito, catalina, morocho o de tunja, cachitos dulces y tostados, lengua de suegra, roscas, acemas, pasteles de arequipe, guayabitas, pan de queso y otros que por sus nombres groseros dejamos a la imaginación.

Emma Alfonzo

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