domingo , septiembre 22 2019
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PLANETA BARQUISIMETO: Ramón Querales y la breve búsqueda de la raíz.

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Desvelar los sacramentos del poeta, la intimidad expandiéndose en su memoria, el revuelco de los años que perduran en su existencia, la tibieza del dolor que nos somete a concebir la extraña sensación de vivir. Martín Haidegger suponía que el origen de una obra de arte es la belleza;  “la belleza como único modo de presentarse la verdad”, y ciertamente esa tentación-noción de la belleza va acompañada en el conjunto de ver la realidad poéticamente, porque la poesía es ánfora de los ángeles y sufrientes, y acompaña la dureza extraída del poeta cuando nombra su entorno.

En Escombros se desarrollan diálogos internos, una poética sobre la materia sideral, ese cosmos donde corre la existencia y va desplegándose por dimensiones mundanales donde sus aguas, el universo indecible, la vida y la muerte transitan en su agonía o sus alegrías más secretas.

¿Qué es Escombros? ¿Una ciudad que huye de los fantasmas del terremoto de 1812, donde los trozos de los cascos coloniales empezaron a quebrarse por las inmensas calles, y por la barriada de Paya?  o son una parte de los despojos donde subyacen el imaginario del que procede, Matatere, un pueblo milenario donde el poeta recurre a invocarla como una especie de lugar donde se refugia la condena de arrastrar el letargo de la vida y la muerte, o simplemente claudica simbólicamente con su ascendencia Ayamán.  Escombros tiene una lectura algebraica en torno a lo que sucede en el juego escritural,  no tiende a irse a una cavilación de imágenes, aquellas que influyeron a los poetas en donde su terreno y horizontes afincaban en lo metafórico, el juego de la descripción erudita y  colapsos oracionales, dirige al lector, a otras posibilidades que son ciertamente inesperadas. Presenciamos un Ramón Querales que recurre al cuidado de la expresión,  construye su detenimiento de los detalles del lenguaje, evita el discurso imaginario largo, olvida ese universo abarrotado de experiencias de imágenes que se sueltan sobre otras imágenes, su presencia recurre a la fijeza, al abandono de la prolongación oracional, para sumergirse en la exactitud de los pensamientos existenciales, la muerte, el olvido, la condena de Matatere, perviven las añoranzas a la raíz y traza el destino en palabras abarcadoras y diáfanas.     .

Ramón Querales acude a nombrar las alfombra de tierra, que son los terrenos donde se presenta la poquedad del lenguaje, es cierto que la aridez es una visión literaria que se hizo presente en la aparición de los poetas generacionales del siglo XX, luego de la transición de voces como Rafael Garcés Álamo y Antonio Lucena, donde en su poesía se resaltaba un Barquisimeto sereno, agrícola, sin bullicio, posteriormente a mediado del siglo XX nos encontramos con una generación de voces como Ramón Querales, Luis Alberto Crespo, Rafael Cadenas, Antonio Urdaneta, que son parte de ese movimiento que renovaron la literatura venezolana inspirándose en el Barquisimeto añorado por los cronistas, el Barquisimeto de Antonio Arraiz de “las viejas calles largas de la tierra mía” son parte de una generación que vivieron el cambio brusco del trabajo económico, son testigos de la entrada hacia el Barquisimeto moderno que deja atrás los vestigios de una ciudad neocolonial y entra en la construcción de nuevas edificaciones, se destruyen las casas coloniales, son testigos de esa transformación que vivió la ciudad con la llegada del rentismo petrolero y se empieza a vivir una atmósfera de urbe intranquila, caótica, con bullicios, y en el trasfondo el olvido de las tradiciones.

De allí la importancia de la voz de Ramón Querales, porque siendo él de un lugar cuya actividad se centra en la agricultura, en la elaboración artesanal y milenaria del cocuy, se confronta con esa ciudad que es urbe, que ya no tiene calles de tierras, que bajo el “progresismo pesetero” como decía Salvador Garmendia empieza a tener nuevas realidades y espacios que influye poéticamente en su obra, con tambaleos de melancolía, esas cosas que dan las ensoñaciones de algún remoto horizonte que se extingue en el recuerdo.

En Escombros existe una textura poética donde pareciera que cambia su arqueología poética con una moldura expresiva terca y rígida donde el desenlace del poema nos contagia con azotes de la severidad, construye una especie de veracidad que a la vez confluye a expresar con ahondamiento las cosas sin recurrir al lirismo gongorino, ni a las églogas donde la entonación se centra en las complejas edificaciones escriturales. Ocurre múltiples acontecimientos,  la intensidad de un párrafo brevísimo  trasciende a sí misma,  alza la única suerte de la espontaneidad, que se configura sobre la metamorfosis de razonar sobre la existencia, que conmueve a otra gravedad imaginativa en el lector.

POESÍA

Después de derrotado,

solo y sin ayuda,

te ocultaste,

ya siempre huiste

y de todos tus refugios,

de tus permanentes

e inservibles escondites,

el más difícil,

el más incómodo e inseguro,

donde más expuesto

te has sentido,

fue la poesía.

(Ramón Querales, del poemario Escombros)

Por José Miguel Méndez Crespo

@Josemiguelm87

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