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JULIO CHAVEZ: El diálogo, la nueva normalidad y la hora de pueblos

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Más allá del análisis sobre la actual coyuntura política venezolana y las naturales concesiones que se deben hacer en los procesos de dialogo, estos nos conducen al reconocimiento de esta exitosa iniciativa alcanzada y finamente elaborada, cual orfebre, por el presidente Maduro, luego de una serie de encuentros previos, fuera y dentro del país, entre gobierno y oposición, con el acompañamiento internacional acordado de los expresidentes y el enviado del Papa Francisco, finalmente se concretó una metodología por consenso para iniciar formalmente la mesa de dialogo, en cuatro áreas fundamentales, a saber:

1.- Paz, respeto al estado de derecho y a la soberanía nacional.

2.- Verdad, justicia, derechos humanos, reparación a las víctimas y reconciliación.

3.- Economía-social.

4.- Generación de confianza y cronograma electoral.

Estas cuatro mesas, que en buena medida recogen las necesidades y anhelos de la inmensa mayoría de la población, en el marco del respeto a la constitución y a la no injerencia de países o potencias extranjeras en los asuntos internos de Venezuela, se constituyen en la gran posibilidad de comenzar a desmontar el odio, la segregación y el desprecio a la venezolanidad, que se inoculó a un sector de la población, por encima del respeto, el reconocimiento y la tolerancia mínima entre ciudadanos y ciudadanas que habitan un mismo territorio.

Atrás y para siempre quedaron grabadas para la historia los amargos momentos de desesperanzas del pueblo bolivariano, que resistió estoicamente y pudo remontar la cuesta para aferrarse a la cruz de la paz, derrotar a los violentos e iniciar juntos como hermanos, el largo camino de la regeneración ética, moral y con justicia de la sociedad por venir. No obstante, lograr imponer, en las primeras de cambio, la agenda de la paz sobre la agenda de la muerte, es un éxito importante, además de contribuir en aclararle a la deslegitimada y moribunda MUD, cual es el nuevo rumbo a seguir y la necesidad del surgimiento de un liderazgo que respete la constitucionalidad. Lejos, muy lejos estamos realmente de alcanzar la paz verdadera en momentos en que América Latina atraviesa por un intento serio de recolonizar el continente.

Se trata, sin lugar a dudas, de una estrategia bien pensada que pasa por la implementación de la decena de golpes suaves, guerras no convencionales, sin tanques ni ejércitos, golpes parlamentarios en aquellos países con liderazgos y poseedores de grandes riquezas que hayan ondeado la bandera de la emancipación en intentar construir modelos societales que se opongan a la intervención yanqui de la doctrinas del destino manifiesto de América para los americanos.

¿Acaso no fue eso lo que hicieron con Honduras, Guatemala, Panamá, Paraguay, Argentina Brasil y han intentado con Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y la misma Cuba y recientemente otra vez sobre Venezuela como gran cabeza de playa  de lo que se conoce como la nueva normalidad latinoamericana?

Ya no hace falta bendecir feroces dictaduras como las del cono sur sino que con golpes suaves se condena a quien no profese la doctrina del destino manifiesto de esta fuerte ofensiva neoliberal que se aplica para recuperar la tranquilidad del patio trasero de los EE.UU. y restaurar el monroísmo como doctrina hegemónica. Igualmente, en las próximas elecciones del día martes 8 de noviembre surgirá el peor presidente de los EE.UU., en el marco de la nueva normalidad continental (El menos malo, según el propio pueblo norteamericano).

Pero así como en los tiempos de las misiones, en América Latina apelaron a la cruz y el evangelio para apaciguar a los aguerridos pueblos originarios y decretar la paz de los sepulcros sobre millones de cadáveres, hoy en día cobra mucha fuerza la tesis de Frei Betto sobre la religión del miedo y el papel decisivo que jugara el poderoso Estado del Vaticano en bendecir y orar para que esta feroz embestida del neoliberalismo en América Latina resulte lo menos traumática  y acepten como buenos cristianos la  nueva normalidad y seamos agradecidos a quienes colonizan nuestras vidas.

Afortunadamente hoy es la hora de los pueblos, no de las colonias. ¡¡¡Que viva bolívar, carajo¡¡¡

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