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15 Y ÚLTIMO: ¿Se equivocan con Venezuela las calificadoras de riesgo?

15 Y ÚLTIMO: ¿Se equivocan con Venezuela las calificadoras de riesgo?

membrete-15yultimoUna calificadora de riesgo es una institución de tipo privado que realiza una función de análisis en torno a los rendimientos y garantías posibles que arrojan o implican otorgar créditos, ayudas financieras o realizar inversiones en tal o cual país o en tales o cuales instrumentos (bonos, papeles de deuda, etc.). Según el FMI internacional existen unas 74 agencias de este tipo en el mundo, aunque en realidad el segmento está dominado por tres, dos norteamericanas (Standars & Poors y Moddys) y una inglesa (Fitch) la cual sin embargo opera desde Chicago.

Sus notas o calificaciones valoran el riesgo de impago y el deterioro de la solvencia del emisor. Para ello utilizan modelos econométricos muy sofisticados, en los que usan distintas variables como la deuda acumulada, la velocidad en devolución, etc., que les sirven para valorar el potencial económico del sujeto analizado. Es decir, estos datos informan, por ejemplo, de si una inversión en un determinado producto financiero o un determinado país o empresa es arriesgada, analizando la posibilidad de que el inversor cobre los intereses y recupere el dinero una vez vendido el producto.

Ahora bien, basta entrar en internet y colocar en los buscadores la frase “agencias de calificación  de riesgos” para tener una visión bastante completa de lo cuestionable de su accionar. Y es que al igual que el informe del FMI, no solo ocurre que hay muchas crisis o problemas que no predicen pero pasan, sino que hay muchas crisis y problemas que prediciéndolos nunca ocurren.

En este último caso entran, por ejemplo, las recurrentes acusaciones de riesgo de default de la deuda venezolana. Mientras que en el primero la crisis financiera mundial de 2008, la cual ninguna de estas calificadoras fue capaz de prever.

¿Pero por qué pasa que utilizando modelos tan sofisticados y recurriendo a expertos de las mejores universidades al parecer no aciertan?

Se han barajado muchas variables y posibles hipótesis (incomprensión, impericia, boicot, etc.), pero existe una razón muy poca considerada referida al negocio que en sí mismo implica una mala calificación por parte de las agencias. Y es que en sentido estricto, cuando una agencia califica mal a un país, o un instrumento emitido por una empresa particular, en realidad no está diciendo que no se invierta en él, solo que el riesgo de hacerlo es mayor. Pero como cualquier inversionista medianamente inteligente sabe, a mayor riesgo de inversión, mayores también son los intereses y posibles beneficios.

De tal suerte, una mala calificación para unos bonos de deuda, significa que  estos bonos deben pagar una tasa mayor a quienes inviertan en ellos, así como Venezuela debe pagar una mayor tasa de interés por el riesgo que significa prestarle plata. Es una especie de penalización que se le impone. Pero esa penalización más que imponerse como un seguro para el inversionista,  se convierte en una prima que es fuente de negocios en sí misma: significa que el prestamista cobrará más plata a la hora que le paguen.

Si el caso es que estamos hablando de un país como Venezuela, que tiene recursos y paga religiosamente, es evidente que el propósito de las malas calificaciones es sacarle más plata, tanto por razones especulativas como para terminar de ahogarla financieramente y por tanto rendirla políticamente, de manera que a la larga no pueda recuperarse y tenga, por ejemplo, que recurrir al expediente de las privatizaciones para pagar la deuda acumulada. Esto ya nos ha pasado antes y es exactamente lo que le está pasando a países como Grecia, que están rematando todo para cumplir con los compromisos adquiridos sin que esto signifique que su deuda disminuya sino todo lo contrario.

En fin, no hay que pensar que las agencias de calificación de riesgo simplemente se equivocan con Venezuela –que también lo hacen– o que actúan de tal o cual modo porque no nos comprenden, están confundidas o analizan sin lógica económica. Al contrario, actúan con mucha lógica, solo que es una lógica especulativa en sentido duro motivada por razones políticas pero también monetarias.

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