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A 59 años de aquella huelga estudiantil contra el perezjimenismo
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A 59 años de aquella huelga estudiantil contra el perezjimenismo

 

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Para 1957, la dictadura pro estadounidense del general Marcos Pérez Jiménez se tambaleaba. El pueblo en su totalidad mostraba su rechazo a las políticas de embellecimiento de los cascos urbanos y abandono del campo, a la entrega del país a las transnacionales y a la terrible represión de la Seguridad Nacional, dirigida por el esbirro Pedro Estrada.

Durante la década de 1950, todas las fuerzas democráticas de la sociedad adelantaban acciones de rechazo. Los campesinos arruinados, que comenzaban a abarrotar las principales ciudades, los artesanos, los obreros del petróleo y de las minas, las mujeres, intelectuales y artistas realizaban jornadas de protesta contra la tiranía. A esas luchas se unieron los estudiantes universitarios, quienes comenzaron a poner ímpetu y dinamizar el descontento popular.

Para finales de 1957 se convocó una huelga, donde los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) participaron de forma activa, repartiendo volantes, propaganda y agitando las calles con consignas revolucionarias. Aquella jornada del 21 de noviembre, pasó a celebrarse como el día nacional del estudiante universitario.

CONTEXTO: LA DICTADURA PEREZJIMENISTA

Marcos Pérez Jiménez fue un militar de carrera, quien se adentró en la vida política con el patrocinio de Rómulo Betancourt en el golpe de Estado contra el presidente industrializador Isaías Medina Angarita en 1945. Tras el golpe, ocupó cargos importantes en el llamado Trienio Adeco, que va desde 1945 hasta 1948, fecha en que Pérez Jiménez participa en un nuevo golpe de Estado, esta vez contra Rómulo Gallegos.

A partir de esa fecha, comienza la dictadura militar en Venezuela, la cual se dividió en dos partes; la primera, dirigida por Carlos Delgado Chalbaud desde 1948 hasta su muerte en 1950; luego una etapa intermedia, ejercida indirectamente por Marcos Pérez Jiménez a través del presidente Germán Suárez Flamerich sobre quien practicaba notable influencia. Con distintas maniobras aupadas por Washington, la dictadura hace que en 1952, Pérez Jiménez se adueñe definitivamente del poder y al año siguiente, la Asamblea Nacional Constituyente lo proclama presidente de Venezuela hasta que las grandes masas populares lo derrocaran el 23 de enero de 1958.

EL MITO DEL PROGRESO ECONÓMICO

La dictadura de Pérez Jiménez, fue una prolongación del dominio estadounidense sobre Venezuela, por medio del poder civil-militar que se instauró luego del derrocamiento de Isaías Medina Angarita. Washington veía en este general de ideología fascista, la garantía de cerrar el paso al comunismo en América del Sur y mantener los jugosos negocios de las multinacionales norteamericanas con el petróleo y los recursos naturales venezolanos.

Uno de los primeros actos entreguistas del dictador fue reeditar, esta vez en condiciones más desventajosas para nuestro país, el Tratado de Reciprocidad Comercial de la época de Gómez, con los Estados Unidos. El historiador Federico Brito Figueroa, explica que este tratado consistía en que Estados Unidos abría sus puertos sin ninguna restricción aduanera a los barcos petroleros venezolano y por su parte, Venezuela emulaba la misma acción para todas las importaciones desde la superpotencia norteamericana.

El resultado fue el ahorro de Venezuela de enormes recursos por exportación de petróleo, que fueron invertidos en infraestructura y un proyecto modernizador sin precedentes. Igualmente, la entrada de mercancías de industria ligera, producidas en Estados Unidos a bajos precios, dio la sensación de prosperidad y de ahorro al bolsillo de la población. Sin embargo, detrás de todo esto, estaba la destrucción del aparato productivo, los productores agrícolas y la insipiente industria ligera nacional, abandonada, sucumbía en la competencia ante la enorme cantidad de productos extranjeros, las transnacionales absorbieron todos los eslabones de la economía nacional e impusieron una colonización cultural que hizo de nuestra población, como afirma Figueroa, “una masa adicta a las marcas norteamericanas”.

Otra consecuencia, fue el estallido de la catástrofe denominada éxodo campesino. La economía venezolana quedó definitivamente convertida en un apéndice de la estadounidense, y sólo se dedicaba a la monoexportación. Paradójicamente, la dictadura perejimenista acompañaba este proceso de entrega de la soberanía con un discurso nacionalista y demagógico denominado “El gran ideal nacional”.

LOS ESTUDIANTES SE UNEN AL PUEBLO

Los resultados de las políticas económicas de la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez, fueron una verdadera catástrofe social. Las masas populares sucumbían en medio del analfabetismo, las enfermedades y la miseria generalizada, mientras los órganos represivos asesinaban, desaparecían y perseguían cualquier indicio de protesta.

Sin embargo, las limitaciones a las libertades democráticas más elementales, la prohibición de los partidos políticos y los asesinatos, no frenaron la ira popular y el desprecio a la dictadura, la lucha de clases se agudizaba a medida que transcurría el tiempo.

Para el 21 de noviembre de 1957, los estudiantes de los liceos Fermín Toro, Juan Vicente González, la escuela Miguel Antonio Caro y Razetti, entre otras, anuncian una huelga estudiantil, la cual cobró proporciones gigantescas cuando los estudiantes universitarios deciden respaldarla. Aunque las acciones cobraron innumerables vidas, la ocupación de las universidades e instituciones educativas mencionadas por parte de los cuerpos represivos de la dictadura, la lucha se prolongó y llegó a su punto álgido en enero del siguiente año.

El 1 de enero de 1958, el general patriota Hugo Trejo realiza un alzamiento militar que fracasa, pero sus consecuencias políticas tuvieron gran resonancia. Los estudiantes, en actividades semiclandestinas y luego en luchas callejeras, fueron el golpe de gracia contra la dictadura, que se derrumbó con la huida de Pérez Jiménez a República Dominicana y luego a la España de su amigo, el general fascista Francisco Franco.

La caída de la dictadura no significó el fin de la lucha estudiantil. El período conocido como la IV República cobró la vida de decenas de estudiantes, una nueva intervención gubernamental en la UCV en el gobierno de Rafael Caldera, así como interminables jornadas de protesta que exigían numerosas reivindicaciones como la educación gratuita y de calidad, comedor, pasaje estudiantil, etc., la mayoría de ellas alcanzadas y que hoy son derechos incuestionables de la comunidad estudiantil, respetados, garantizados y amparados por la Constitución y el Gobierno Bolivariano a pesar de los intentos de sectores económicos de mentir sobre la supuesta eliminación del subsidio al pasaje estudiantil.

ALEJANDRO GIL RIVERO

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