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El legado de Obama detrás de su protección mediática

El presidente saliente de los Estados Unidos (EE.UU), Barack Obama, a quien una fuerte campaña orquestada por el poder mediático mundial proyecta como un luchador por la paz y las causas justas, tras una gestión de ocho años en dos periodos presidenciales continuos, deja un legado de más de siete invasiones militares en el Oriente Próximo, así como la constante injerencia en asuntos internos de naciones soberanas como Venezuela.

Durante su campaña para ser electo Presidente por primera vez en el año 2008, Obama prometió terminar con las guerras que había comenzado su antecesor, George W. Bush, quien mantenía tropas estadounidenses en Irak y Afganistán.

Sin embargo, en el transcurso de su mandato intensificó la presencia militar en estos países, e implementó una nueva modalidad de ataques mediante aviones no tripulados, una práctica que lo llevó a pasar a la historia como el Presidente de los EE.UU con más bombardeos continuos sobre naciones soberanas durante todo su gobierno.

Durante los ocho años de gestión del presidente Obama, las fuerzas armadas de EE.UU han bombardeado directamente los territorios de Afganistán, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Irak y Siria, y el Departamento de Estado ha financiado y formado ejércitos de mercenarios que fueron utilizados para suscitar la llamada «primavera árabe», con la que el Gobierno estadounidense derrocó gobernantes y destruyó naciones en beneficio propio, para tomar el control de sus riquezas naturales, sin intervenir de forma directa. En Siria, al igual que en Túnez, Libia y Egipto, el Departamento de Estado financió mercenarios para suscitar supuestas rebeliones en contra de sus gobiernos.

No en pocas ocasiones, Obama rechazó la ayuda militar ofrecida por Rusia para combatir el terrorismo, por la posición del Presidente Vladimir Putin en defensa del presidente legítimo de Siria, Bashar al-Ássad, a quien el Gobierno de EE.UU pretendía derrocar para controlar ese importante territorio en términos geopolíticos.

También la gestión de Obama le dio continuidad a la agenda injerencista que promueve el derrocamiento del Gobierno constitucional de Venezuela, impulsada en principio por su antecesor republicano, George Bush, contra el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, y continuada contra el Gobierno constitucional presidido por Nicolás Maduro.

Durante el año 2014 el Departamento de Estado financió la formación y entrenamiento de grupos violentos de extrema derecha que sometieron al pueblo venezolano a una situación de zozobra, con acciones de violencia de calle conocidas como las «guarimbas», como parte del plan golpista denominado La salida.

Tras el fracaso de este intento de golpe de Estado, que dejó 43 venezolanos fallecidos y más de 900 heridos, el presidente Obama emitió, en marzo del 2015, un decreto de «emergencia nacional» en el que declara a la República Bolivariana de Venezuela como «una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU», por supuestas violaciones a los derechos humanos cometidas por el Gobierno venezolano.

Con información de AVN

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