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23 DE ENERO DE 1958: Una revolución inconclusa

 

Hace 59 años, miles de personas salieron a las calles en Caracas y otras ciudades del país para exigir el fin de la tiranía pro estadounidense encabezada por el general de tendencias fascistas, Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó Venezuela con mano de hierro durante casi una década.

El general Marcos Pérez Jiménez, hoy usado como un símbolo de “nacionalismo”, “orden” y “grandeza nacional” por parte de las organizaciones neofascistas que son financiadas e impulsadas por partidos derechistas, fue un miembro del ejército, hostil a las ideas revolucionarias y gran amigo del dictador fascista español Francisco Franco. Pérez Jiménez gobernó a Venezuela y su gestión, según importantes historiadores, no concuerda con la imagen que de ella se proyecta en la actualidad por algunos sectores de derechas.

El coronel Hugo Trejo, soldado patriota y líder de una importante sublevación contra la dictadura ocurrida el 1 de enero de 1958, escribió en su libro “La revolución no ha terminado”, que la dictadura no era ni nacionalista, ni ordenada ni menos aún portadora de la grandeza nacional.

Las declaraciones de Trejo concuerdan con el historiador Federico Brito Figueroa, quien ofrece detalles de lo que él considera una “hipocresía histórica”. Asegura que  la dictadura no tenía ni un ápice de nacionalismo, pues Marcos Pérez Jiménez, luego de ser puesto en el poder por la embajada de Estados Unidos, firmó inmediatamente con ese país, un oneroso “tratado de reciprocidad comercial”.

Ese tratado, fue uno de los primero ensayos de la potencia estadounidense para aplicar tratados de libre comercio desventajosos para América Latina. El tratado firmado por el dictador, comprendía abrir los puertos venezolanos a todas mercancías norteamericanas sin barreras arancelarias algunas; a cambio, Estados Unidos haría lo mismo con el petróleo venezolano que entrara a sus puertos comerciales. La consecuencia de este tratado fue la trágica destrucción del incipiente proceso de industrialización que unos años antes había comenzado el presidente Isaías Medina Angarita, en cuyo golpe de Estado también participó Pérez Jiménez en conjunto con el partido Acción Democrática.

Otras de las consecuencias de las políticas anti nacionalistas de Pérez Jiménez al pactar con Estados Unidos, fue el éxodo campesino. Al recibir los beneficios por la venta de petróleo, la inversión en el sector agrícola prácticamente desapareció y miles de trabajadores del campo arruinados, migraron a las ciudades, creando los cordones de miseria que a pesar de los grandes esfuerzos del Gobierno Bolivariano en materia de vivienda, siguen existiendo en nuestro país como una secuela de las acciones de una tiranía reaccionaria.

DERECHOS HUMANOS

En materia de derechos humanos, la dictadura de Pérez Jiménez no vaciló a la hora de perseguir, encarcelar y asesinar a los opositores políticos, especialmente a los militantes de izquierda. Las ideas socialistas fueron criminalizadas y los campos de exterminio en nada diferían, según palabras de Brito Figueroa, de los centros de tortura creados por los fascistas españoles durante la guerra civil que estremeció a esa nación a mediados de los años 30 del pasado siglo XX.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA

A pesar de la crueldad y la opresión a la que estaba sometida la población venezolana, las aspiraciones de libertad estuvieron presentes en innumerables luchas, huelgas y manifestaciones de todo tipo que a la larga fueron diezmando las fuerzas y la capacidad de acción de las fuerzas represivas dictatoriales, encabezadas por la llamada Seguridad Nacional.

A finales de 1957, una huelga de estudiantes universitarios y de secundaria estremeció a todo el país. De allí en adelante, las manifestaciones hicieron irreversible un proceso que culminaría el 23 de enero de 1958 con la huída del dictador.

La lucha contra la dictadura, estuvo encabezada por los sectores populares dirigidos por los partidos Acción Democrática, el Partido Comunista de Venezuela y otras organizaciones que se agruparon en la clandestina Junta Patriótica. Sin embargo, luego del derrocamiento de la dictadura por medio de la acción directa de las masas populares, los partidos burgueses se apropiaron de esa victoria popular y el PCV fue excluido de una conquista de la cual ellos fueron parte importante.

Comenta Diego Salazar en su obra “Los últimos días de Pérez Jiménez”, que en principio la burguesía estuvo contenida por la movilización popular pero luego, amparada en Rómulo Betancourt y Estados Unidos, se aprovechó de la postura constitucional de la Junta Patriótica, cuya meta era preservar la unidad y el respeto a la democracia, para solicitarle su «ampliación» e incorporar a otros dirigentes políticos como Raúl Leoni (AD), Lorenzo Fernández (Copei) y Andrés Boulton, por el sector económico, entre otros. «En realidad querían era anular el músculo duro y de izquierda de la Junta Patriótica», sostiene García Ponce.

A pesar que la situación revolucionaria, donde estaban dadas todas las condiciones para un gobierno de izquierda, fuera traicionada por los sectores parasitarios, significó una enorme victoria para el pueblo venezolano, al demostrar que no estaba dispuesto a soportar una dictadura avalada por potencias extranjeras.

ALEJANDRO GIL RIVERO

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