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Apariencia y realidad en la gestión del gobernador larense

En este artículo seguiremos abordando el fenómeno de la megalomanía, definida como manía de creerse superior a lo que una persona es en realidad, se caracteriza por delirios de grandeza y se ven a sí mismo como el centro del universo. Cuando esto afecta a una persona sin mayores responsabilidades políticas o sociales, no pasa de ser una molestia para su entorno, ya sea familiar o de amistades. El problema se presenta cuando este tipo de individuos asumen responsabilidades en el orden de cargos públicos o privados. Allí comienza el drama para quienes están bajo su mando y los territorios donde se asienta su poder.

Hay innumerables ejemplos de esta nefasta conducta, pero basta con recordar a uno de los megalómanos más famosos y trágicos, Adolfo Hitler, quien con sus delirios y su egocentrismo, logró deslumbrar a unos de los pueblos supuestamente más inteligentes como el pueblo alemán, que mayoritariamente acepto sus ideas. Todo su poder lo hizo para beneficio de su ego, se rodeó de algunos intelectuales brillantes y los puso a danzar en torno a la construcción de un mundo que encandiló a toda una nación, que se cegó ante la monstruosidad que se cometió en contra de judíos, comunistas, gitanos y la sexodiversidad, que no cuadraban con la pureza aria, paradigma de ese universo de locura. Toda su acción de gobierno fue una parafernalia de oropel, de fachada, de adorno y de apariencia, con excepción en lo militar.

Si quisiéramos aplicar esta conceptualización a la realidad venezolana, tendríamos que recurrir a la triste recordación de Carlos Andrés Pérez, su gran Venezuela y la Venezuela saudita, que nos condujo a una tremenda crisis que aún se mantiene en lo económico y en nuestra cultura como pueblo.  En lo regional, podemos revisar la conducta del actual gobernador. Quienes vivimos en Lara y, especialmente en Barquisimeto, padecemos los efectos de esta manía de lo aparente, de lo superficial, en la que se desarrolla la acción del megalómano gobernador.

Para nadie es un secreto la grave crisis que hay en Lara en cuanto a la prestación del servicio de agua para consumo humano. Hidrolara, institución regional encargada de este servicio, está colapsada, comúnmente vemos a las comunidades reclamando lo costoso de este servicio, que se cobra sin tener el agua en sus casas, los tiempos de suministros en algunos casos se hacen en periodos muy cortos, uno o dos días, y pasan semanas y meses con las tuberías secas y comprando agua a los especuladores de los camiones cisternas. El servicio de salud no puede estar en peores condiciones, un hospital central colapsado, con altos índices de mortalidad infantil y de mujeres parturientas, salas de servicios con equipos parados y dañados, pero una fachada azul de primera, con cercas ultramodernas y vallas resaltando tales obras.

Basta con ir a San Felipe, Estado Yaracuy y contrastar con lo ocurre en Lara en cuanto a la calidad de sus instalaciones de salud. Lastimosamente no es un problema de presupuesto, ya que tenemos una de las asignaciones más altas del país. La vialidad, calles y avenidas de nuestras ciudades son un caos y cada día la situación empeora. Sin embargo, lo que se proyecta hacia fuera de Lara es que la gestión del gobernador es un ejemplo de “eficiencia”, de “emprendimiento y de excelente gestión”. ¿Por qué ocurren estas dos visiones sobre la gestión del gobernador (la interna y la externa)? ¿Qué hace que el turista o el viajero que recorre el estado o alguna de sus ciudades se lleve una “impresión positiva” y los que vivimos aquí permanentemente tengamos otra visión? La respuesta es obvia: La megalomanía de nuestro gobernador hace que su visión política, por su “grandeza”, por “inconmensurable valía política” esté puesta en horizontes más lejanos y en estándares mayores como la presidencia de la república. Llena nuestras ciudades de “obras impactantes”, de ornamento, jardines en las vías y autopistas principales, en las entradas y salidas de nuestros pueblos, vallas publicitarias donde se muestra en costosos caballos, inaugurando galleras y mangas de coleos monumentales, obras suntuosas sin ningún beneficio directo hacia las necesidades de los habitantes del Estado, a pesar de tener uno de los presupuestos más altos del país.

YOEL MORALES

 

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