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EN EL CONTINENTE AMERICANO: Venezuela sigue definiendo la política exterior de EEUU

 

El formato de ataques a Venezuela desde Washington no ha variado en su esencia FOTO CORTESÍA

En la última semana, el presidente Donald Trump recibió su primera derrota cuasi-estratégica y ello logró frenar o poner en retroceso algunos de los puntos de mayor voltaje de sus promesas, con su propuesta de realineación interna y externa del malogrado Imperio.

Pero todavía es osado y determinista afirmar con seguridad que los grupos de poder que lo apoyan ya fueron derrotados. Otra tesis plantea que el contencioso Flynn no termina de descarrilar lo que ya fue decidido. Dato perfectamente verificable: las bases legales de las medidas más controversiales de la administración Trump son de tiempos de Obama.

Sea como sea, mientras continúa lo que algunos acuñan una «guerra civil política» sin siquiera todavía tocar el polvorín social (algo sobre esto más adelante), queda claro que los operadores de la continuidad, valiéndose de la poderosa red de activos dentro y fuera del gobierno, en los medios y en el aparato de seguridad, han asumido como prioridad dejar anudada la política exterior.

Ese apresuramiento ya se viene traduciendo en los focos más dinámicos y los intereses estratégicos sobre ellos. Aprovechando, de paso, los puntos que ya consideran debilitados por la guerra o los procesos ya avanzados de desestabilización interna. Antes que China y Rusia: Siria, Ucrania y Venezuela.

LA AGENDA CONTRA VENEZUELA: EL ORDEN DE LOS FACTORES

Ya en este punto es repetir, pero lo primero que no se puede perder de vista es que el desarrollo del expediente Venezuela para los Estados Unidos es la continuación del mismo programa. Programa que, por lo demás, también reproduce canónicamente el patrón de agresiones de las operaciones de cambio de régimen y presiones variadas (oficiales y extraoficiales) que ha caracterizado la relación Estados Unidos-Venezuela.

Fuera de la visión general de la posibilidad Trump en política exterior, la actitud estructural no varía, y tiene al Senado y la Casa de Representantes (las dos cámaras del poder legislativo) en el centro de las maniobras. Es la decisión bipartidista (bipartisan) que señaliza un interés superior entre las facciones, y que de cualquier forma iba a ejercer toda la presión necesaria para que ese sea la carpeta operativa sobre Venezuela. No es más que la profundización del ciclo iniciado con la Declaración Obama de 2015.

En resumen, continúa la guerra híbrida contra toda la región, sólo que redomados y en franco proceso de desmantelamiento interno por, digamos, medios propios, Brasil y Argentina; los ataques por separado a lo restante del subcontinente (Ecuador y Bolivia); y el estatuto de subordinación absoluta habitual de otros (Colombia, Perú), Venezuela sigue siendo el ángulo crítico indiscutible, en términos (geo) políticos y energéticos. Algo que no sólo incide al sur, sino que también se proyecta en toda la cuenca del Caribe y Centroamérica.

Ya no serán Otto Reich y Negroponte, sino Marco Rubio y Mark Feierstein, pero la línea es la misma. Y empleando las mismas acciones tácticas de la guerra no convencional, la aplicación de sanciones y bloqueos, del capitaneamiento de movimientos políticos creados para la ocasión y de la operación informativa de criminalización extrema que va de las ONGs al cartel mediático a las «instancias internacionales», una y todo a la vez. Mientras que los diputados en desacato, hacen lo posible por exteriorizar el conflicto, en desbordar las fronteras.

UN ENEMIGO COMÚN: CNN CONTRA ELLOS Y CONTRA NOSOTROS

Y ahora sí entramos en el ámbito de la línea de producción del famoso asunto de los fake news (las noticias falsas), y la campaña con que los medios principales del mainstream elaboran la historia unificadora contra su objetivo. Misma base que como elemento movilizador, como certificador de la «verdad», sienta las bases para los procesos disruptivos de desestabilización y calle.

Lo muchas veces dicho en diversos momentos por Misión Verdad: una facción de la élite emplea los mismos mecanismos de desestabilización empleados en el mundo árabe, Ucrania y Venezuela, pero esta vez para derrocar al propio gobierno de su país. Y al frente capitaneando la marcha se encuentra CNN.

En este proceso, CNN certifica, blanquea e impone esa variable del «sentido común» dizque liberal que ha sido pauta, norma base y atalaya ideológica del establishment gringo, el europeo, etc. Todo esto muy de suyo certificando lo ocupado que están en derrocar e imponer todo lo que pudieran al mismo tiempo y en todas partes. Pero ese echar el resto, en términos monumentales, sale caro.

Así, en una vuelta muy extraña donde «el enemigo de mi enemigo no es mi amigo», existen estos complicados puntos de coincidencia, mientras un lado termina de destruir al otro y en él mientras tanto lo más seguro es que el país norteño se siga viniendo abajo, entrando a una parálisis similar a la pretendida contra nosotros.

Puesto que CNN y las últimas sanciones en el contexto político venezolano se llevaron por delante hasta al Vaticano aquí en Venezuela.

Dos certezas que hay que reiterar: 1) todo lo dicho y sostenido sobre la pérdida de importancia de Venezuela se niega a sí mismo al ser la primera señal en tanto acto de gobierno en toda la región (las estúpidas conversaciones con Macri, Santos y Kuscinski son eso: estúpidas conversaciones que sólo tributan a calentar el expediente venezolano), y 2) Estados Unidos entra en una profunda crisis de credibilidad sea cual sea el resultado de todo lo dicho hasta ahora.

Oscar Parrilli, el último jefe de la Agencia Federal de Inteligencia de la Argentina, la AFI en los tiempos de Cristina, en una recomendable entrevista a la versión en español de RT señaló que la diferencia entre la Operación Cóndor de los 70 y la que hoy se desarrolla en América Latina estaba en su implementación: mientras que en los 70 operaba sobre el estamento militar, hoy opera sobre los medios de comunicación, el sistema judicial y los servicios de inteligencia, engranados en un «mecanismo perverso».

¿No suena como parecido, al menos el método?

En algún punto se dijo que el Imperio está debilitado. Y no es algo que dice uno sino tesis coherentes que señalan que el actual estado de tensión y confrontación en los Estados Unidos de por sí demanda su buena carga de energía política, más cuando en la calle sí existe el miedo, la confrontación, la división profunda, las tramas oscuras, los problemas económicos y laborales de todos los días y la misma depauperización de la calidad de vida que el resto del mundo, algo que en el país de la clase media pega más. En el fondo de todo esto por un lado se reúnen firmas para realizar un impeachment contra Donald Trump y por otro se reúnen firmas para quitarle la ciudadanía estadounidense a George Soros.

Esos vaivenes también contribuyen al grado de peligrosidad, incertidumbre y descentralización operativa de cuanto grupo de poder, demente y globalizado, que a todo nivel vemos hoy en día y claramente apunta contra nosotros.

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