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Planeta BQTO: Contar dedos y recuperar la casa

Jaikel Pastor Sivira Martínez Nació en Barquisimeto, el 9 de enero de 1989, se graduó en la UPEL IPB obteniendo el título de Profesor de castellano y literatura, también es camarógrafo y se declara “de izquierda hasta las metras”.

Abrieron la puerta de un sólo golpe y me desperté asustado sin levantarme de la cama, esperando en la oscuridad y arropado, de que se trataba. La puerta de mi habitación estaba abierta pero no tuve el valor de cerrarla y pasarle el seguro, así que me limité a mirar entre la penumbra los hechos, vi las sombras de unos hombres altos, eran tres o cuatro quizás. Ellos comenzaron llevándose la cocina, tenían gran habilidad y fuerza para levantar los muebles sin hacer mucho ruido, la verdad es que no hacían nada de ruido, aquello me pereció los comienzos del cine; alucinantes imágenes blanco y negro en movimiento, totalmente muda. Luego fue la nevera, levantada entre dos de los hombres, quienes parecían conocerse de toda la vida debido a la comunicación y coordinación exacta de sus cuerpos, parecían una pareja de baile haciendo una coreografía cuyo nombre sería «El robo de la nevera». Luego la mesa, las sillas, los sillones, el microondas, la licuadora, todo iba desapareciendo con una rapidez fantástica pero con una plasticidad extraña, ellos no eran simples ladrones, de eso estoy seguro. Tenían un sentido tan elevado del movimiento; estaban disfrutando de una danza mientras vaciaban la casa. En mi se apoderaba un alivio tremendo; me encontraba muy lejos de la vulgar alarma de la pérdida de electrodomésticos. Aquello era un favor, una bondad del azar. Lo único que dejaron fue la hamaca; todavía no me atrevo a buscar las razones porque tengo el asombro aún caliente. Hay mensajes que uno no logra todavía descifrar pero que se deben aceptar como algo inexorable; el robo, la casa vacía, la hamaca persistente, ladrones fantásticos y mi agradecimiento. Ahora tocará fingir un poco porque a la gente no le gustará la felicidad a través de la mengua y es peligroso mostrar esa tranquilidad. Estoy echado en la hamaca, está amaneciendo y no tardará en llegar Evalina a comenzar su faena doméstica. Suena un manojo de llaves, es ella, ojalá no le de un infarto a la pobre vieja, abre la cerradura y luego la puerta, suspira ante la casa vacía y al verme en la hamaca me pregunta alterada:

–          ¡Muchacho! ¿Qué pasó?

–          Se metieron en la casa Evalina, cinco tipos armados, los hijos de puta me golpearon y amarraron, vi con dolor como se llevaban las camisas de mi padre, los tacones de mi hermana, los libros de mamá. Mira las paredes, se llevaron todo Evalina, hasta los retratos. Los muy malditos quieren borrar el recuerdo de mi familia y ¡Que puedo yo hacer! Revisa si dejaron siquiera unas galletas para que desayunemos juntos.

–          ¡Tranquilo hijo que todo se recupera!

Cinco dedos y Pepito

Necesitaba un nombre para aquel, hasta ahora los cinco disfrutaban de una identidad, sin embargo, esa rara aparición debía hacerla menos rara poniéndole un nombre. Al principio fue bastante molesto soportar las miradas y las burlas de los más insolentes, pero pudo asumir con reconocible estoicismo aquella condición anatómica. Pulgar, índice, medio, anular y meñique. Cada niño memorizaba cinco nombres pero a Pedrito y a su madre se les presentó tremenda cuestión cuando no supieron como nombrar al sexto dedo. El niño miraba su mano derecha un poco extrañado y ansioso, y su mamá urgida por resolver el asunto tuvo un ataque de lucidez.

–          Tranquilo hijo —le decía— A ese dedo lo llamaremos Pepito ¿Te gusta ese nombre?—.

El pequeño se mostró conforme dando una sonrisa y el sí lo dijo moviendo la cabeza. Al día siguiente apenas cumplía seis años y tendría una fiesta; su madre se encargó de invitar a todos los niños del barrio y tía Chepa haría una torta lo suficientemente grande como para que todo el mundo quedara harto de chocolate y bizcocho. Terminaron todos de cantar el cumpleaños feliz y su mamá salió corriendo a buscar la cámara analógica. Alguien le preguntó a Pedrito cuantos años cumplía, ella apretó el botón, y en la foto el cumpleañero salió mostrando abierta su mano derecha, con cinco dedos y Pepito.

POR JAIKEL SIVIRA

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