domingo , septiembre 22 2019
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Homenaje a Antonio Urdaneta para celebrar la poesía

No debemos olvidar a Antonio Urdaneta. Él es uno de nuestros poetas mayores. Entonces, hagamos este homenaje para celebrar la poesía… Antonio nace en 1947, negrito como un cacho y pequeñito como una flor. El planeta Barquisimeto, como él mismo ha bautizado a la ciudad, es su cuna y también su biblioteca para la farra: San Antonio y la Veragacha son testigos del baile crepuscular entre el poeta y las aguas del Turbio. Es por ello que Luís F. Suárez ha dicho al respecto “La poesía de Antonio es una tierra para festejar”.

Cursó estudios de bachillerato en el Liceo “Mario Briceño Iragorry”, cuando se graduó dicen que llevó una toga verde, parecía más un duende que un bachiller. El poeta nos ha confesado a un grupo de amigos que en matemáticas saco 17: era bueno con los números, pero siempre fue mejor con los personajes que recorrían la plaza Altagracia. Los Garmendia, el Padre Borges. Les dice:

Como no tengo caramelos

regalo poemas.

así me comprenden por ahí

Como no tengo poemas

regalo silencios,

así me comprende la inmensidad

nada menos, nada más.

Anda con un “ojo de poeta” en las manos y la taxonomía floral de Carl Linneo y se clava un viaje en los huesos como el frio de los Andes, con esa peregrinación ganará la Bienal Nacional de Literatura “Ramón Palomares” cinco décadas después. En 1968 ingresa de la UCV en la escuela de Letras con el Movimiento de Renovación Universitaria, eran tiempos de convulsión y lo llamaban Cirilín entre los salones y la legendaria tierra de nadie, donde compartió con Luis Alberto Crespo, William Osuna, Néstor Francia, Humberto Márquez y otros que entre política y literatura se debatían la vida. Él siempre ha sido un militante de la poesía.

Si yo fuera Fidel sacaría a pasear a San Lázaro

envuelto en su capa morada por las calles de La Habana

e invocaría la lozanía

Antonio ha sido nombrado en varios escenarios en los que he estado presente, como uno de los mejores escritores de Venezuela, sin embargo, poca importancia han tenido esas palabras en el terreno de las apariencias. La gloria del poeta Urdaneta no reside en sus títulos o sus premios, por ejemplo el Premio Nacional Universitario de la Dirección de Cultura de la UCV o la Bienal de Literatura “Antonio Arraiz”. No, la gloria del Poeta Urdaneta gira con la humildad de los lirios en su labor cotidiana de promoción literaria: Antonio Urdaneta, negrito y pequeñito, como nació, es inspiración de una generación de escritores que más allá de la adulancia le agradece su devoción por las letras y ese pacito lento que le recorre la voz al decir poesía (y esto es celebrar la poesía). La gloria de Antonio será cerrar los ojos entre la miel de Oshun, en el beso de su compañera de vida: Carla Dharma, y no morir, sino ser eco en unas páginas que no le temen al tiempo, porque se ubican en la biblioteca del alma.

Entregado a tu belleza y humildad,

Cachita,

Regálame tu amor y dame fe.

 

Teniendo tu gracia

lo tengo todo,

Ampara mi hogar,

mi cordón familiar

Él nos recita su poema Viaje a Isnotú y Salvación de Ejido diciéndonos con la voz de Orunmila: “Me siento una víctima amada”, y así sigue en un viaje entre Timotes y Mérida, más allá de Valera, en “La Cueva de los Indios” naufragando en las heladas lagunas del páramo, mientras Lara lo espera entre cardones y altares para darle resguardo.

DEVOCIÓN Y LITERATURA

Cierto misterio penetra la literatura de Antonio Urdaneta, parece estar conectado con los santos africanos y con los silencios del Bosque Macuto. Todo se arremolina en un viaje desde Paya al centro de los riachuelos, donde el frío de las cosas descansa. Hay un santuario que guarda la voz de Antonio, pues cuando escribe nos deja un registro de todo cuanto transita en senderos luminosos, le escribe a las vírgenes y a los santos; a los duendes y a los senderos; a la gente que ha respirado la ciudad con el peso de su sonrisa y a una botánica que estudia con la devoción de Gastón Bachelart frente a las cosas de la casa.

Ha publicado hasta ahora Rubén Darío, acero, oro y amor (1967), Crebar albores (1983), El milagro de Pablera (1988), El lirio que vino del mar (2008) y junto a los poetas del grupo literario Palabra Clave, el cuadernillo Memorias del Altagracia. Asimismo, su obra inédita comprende: La psique de la rosa, el cual es un estudio sobre la obra literaria de Rafael Michelena Fortoule compilada por el cronista y poeta Ramón Querales; Ruta mágica de Lara, el cual es un trabajo sobre el imaginario larense y su trascendencia; y Ah mundo San Antonio, el cual es una investigación acuciosa sobre la vida, proyección cultural y espiritualidad de San Antonio de Padua y el Tamunangue.

Qué niño tan lindo

tienes en tus brazos,

padre mío, San Antonio,

terrible, valiente, resolvedor.

Antonio asegura que “La poesía es lo más subversivo que existe, porque la poesía trabaja sobre una materia que es la imaginación”, ciertamente a los presentes nos sorprendió, pues lleva al terreno de lo material una categoría que todos ubicaríamos en el campo de lo espiritual. Antonio Urdaneta recrea un universo desde la imaginación y lo hace posible; sus santos, sus ríos y sus duendes no pertenecen a la irrealidad, sino que determinan una dinámica y una relación con el mundo que lo rodea. Entendiéndolo así, ciertamente la poesía es subversiva y transformadora, ya no como herramienta ­como insistirían algunos marxistas soviéticos­ sino como acción. Esta concepción sería merecedora de una tesis en la misma escuela universitaria en la que se graduó el poeta, pues el sólo hecho de pensar en la poesía en esos términos, es revolucionario. Queda como tarea para las nuevas generaciones de Licenciados en Letras poder ahondar en el tema con mayor rigor y profundidad, tal como lo harían con Mallarmé.

Por lo antes expuesto y por razones que no alcanzaría a registrar en un artículo de esta naturaleza, obras y voces como la de Antonio Urdaneta, deben ser reconocidas en el país como un reservorio de identidad de nuestro pueblo. Toda su fuerza y precisión dejan caminos por los cuales transitar entre imágenes y crónicas una geografía simbólica e icónica, donde los terruños tienen nombre y los hombres rostros; donde las flores cavilan el vaivén del viento y registran con fechas y olores la temperatura de las aguas.

POR DAVID GÓMEZ RODRÍGUEZ

@davidarturo_rp

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