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Kristina, Isabel e Ivonne: Inspiración con rostros de madres

Tres mujeres con historias de vidas completamente distintas, pero con un hilo que las une: Sueñan en alto, trabajan por su país y son madres. Kristina Romero, Isabel Barrios e Ivonne Márquez son las protagonistas de este especial que tiene entre sus manos.
Kristina Romero es ingeniero en Electrónica, reconoció en la adversidad la posibilidad de ayudar a otros. Entre su trabajo y un apostolado que lleva con amor, se enriquece como profesional y ser humano. Tiene una hija de seis años de nombre Isabel.
Isabel Barrios, mejor conocida como Isa es bailarina, es instructora depilates, es terapeuta reiki y doula. Todos sus roles están envueltos por un hálito de ofrecer su apoyo desde esa mirada de mujer y cómplice. Tiene tres hijos: Matías, Amelia y Marcela.
Ivonne Márquez encontró en el arte de la muñequería la forma más auténtica y genuina de retratar a los demás. Es artista popular, y su sensibilidad la transmite en cada poro de su piel. Tiene seis hijos:Jorge Miguel, Daniela, Diego, Juan D’Jesús, Juan José e Ivon Vanessa.
Ellas a través de sus voces, harán que usted recorra sus pasos, que se identifique con las anécdotas, pero sobre todo que comprenda la labor que cada una desarrolla para dar lo mejor a la más grande y bella de las madres: Venezuela.

Texto y fotos: Adriana Ciccaglione

Kristina Romero: Da vida a través de la tecnología

Tuvo a su bebé, una niña hermosa a la que llamó Isabel Kristina. Sin embargo, la pequeña nació antes de tiempo, lo que conocemos comúnmente como prematura y por ello debieron tenerla en observación y en una incubadora.
La historia le pertenece a Kristina Romero, quien a sus 25 años le tocó ver como un pedacito de ella, estaba allí en ese pequeño aparato que produce las condiciones ambientales que el neonato necesita.
Lejos de sus brazos, del calor de su pecho, de sus mamas llenas de leche, pero en una observación necesaria, Kristina entendió la importancia de la tecnología y de los equipos médicos.
En ese momento Kristina Romero estudiaba octavo semestre de Ingeniería Electrónica.
“Mi niña tenía 34 semanas, verla allí era una angustia para mí, quería tocarla y no podía, sabía que debían preservar su vida. Imaginé que muchas madres pasan por esta situación. Eso despertó en mí la inquietud de querer ayudar a quienes tuvieran a sus hijos en una incubadora”, dice Kristina Romero, evocando aquel momento.
Prosigue su historia, llena de realidad y de calidad humana, “es por ello, que cuando me incorporé a mis estudios, decidí ver una materia electiva que se llama Electromedicina. Y luego, para mi tesis de grado, diseñé un prototipo el cual denominé: Pulsómetro pediátrico inalámbrico, es un aparato que mide el pulso y la saturación de sangre. A través de Bluetoothenvía los datos a una computadora central e incluso le envía mensajes de texto a los celulares de los médicos que se programen en ese momento. Esto lo diseñé y culminé en 2014, tuve la oportunidad de comprobarlo en el Hospital Pediátrico Agustín Zubillaga. Estoy patentando este prototipo, mi sueño es que esté en todos los hospitales del país”.

 

Emprendedora y solidaria
Isabel Kristina ya tiene seis años, lejos de la adversidad y de los servicios médicos, crece en un hogar lleno de amor y de felicidad.
Kristina su madre, decidió hacerle caso a los latidos de su corazón y como profesional emprendió un proyecto, que realiza en la comunidad que la vio nacer: La Carucieña.
Es en ese hospital de este sector, donde la ingeniero electrónica, revisa con rigurosidad y arregla los equipos médicos, pero especialmente las incubadoras. Es el mismo espacio donde fue atendida de niña y joven, ahora ella quiere devolver la generosidad que recibió con sus dones, habilidades y talento.
“Soy emprendedora, me dedico a los equipos médicos, es un mundointegral, amplio y dinámico. Dispongo de una tecnología fundamental, como es el soporte tecnológico para diagnosticar, tratar, prevenir o curar enfermedades. En el caso del hospital La Carucieña es un trabajo voluntario, que lo hago con mucho amor y orgullo”, manifiesta Kristina Romero.
“Soy madre, mujer y emprendedora, tengo mucho para dar y siento que esa es la misión de mi vida, poder ayudar a quienes lo necesiten a través de mis conocimientos”.

 

Isa Barrios: La maternidad en todos sus roles

De pequeña, la palabra siempre tenía una cita en su hogar. Creció en medio de la poesía y sus pies y cuerpo decidieron hacer prosa a través del ballet. Cuando tenía 16 años decidió viajar a Caracas a conocer y experimentar con nuevas propuestas que enriquecerían su vida.
“Estudié Psicopedagogía y pude continuar con el ballet en Parque Central. En un ala había ballet clásico y en la otra danza contemporánea. Una amiga, la más revoltosa del grupo me comentó que ella practicaba danza luego del ballet y cuando entré a mi primera clase dije: Esto es lo mío, por mi espíritu libre”, describe Isa Barrios quien a raíz de esa anécdota decidió dedicar su vida a la danza. Audicionó para el Instituto Superior de Danza, en aquel momento el aclamado y reconocido bailarín Luis Viana, era quien daba el visto bueno y la larense recibió la aprobación gracias a sus dones y habilidades dancísticas.
Luego sacó la Licenciatura en Danza en Iudanza hoy Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).
Entre la disciplina del ballet y la libertad de la danza, Isa fue descubriendo la magia del cuerpo para transmitir mensajes.
Estando en Caracas, tocó a su puerta el sistema de entrenamiento físico y mental conocido como pilates. “Desde el 2000 lo incorporé a mí vida. Me inicié porque una compañera, estaba haciendo su tesis con vinculación al pilates y quiso que yo fuera la modelo con los aparatos. Tengo una escoliosis, mejoré mucho y entendí que lo debía hacer. Para mí se relacionó con la danza, comprendí que podían comulgar juntas. Me fui formando, conseguí certificaciones y es así como me convierto en instructora en esta área”.
Desde la casa materna en su Barquisimeto natal, abre un pequeño espacio que se fue amoldando a las exigencias tanto de ella, como de los participantes. Luego sin percatarse se convirtió en emprendedora y empresaria, montó un estudio de pilates, que es referencia y oasis para quien llegue al lugar. Desde este espacio además de hacer esta técnica, se ha multiplicado el conocimiento, formando a instructores que conservan la rigurosidad y el método de este ejercicio.

FOTO: CORTESÍA RICARDO MARAPACUTO

Una mirada integral
La maternidad también le dio un guiño a Isa Barrios. Su historia como madre comienza a los 37 años, cuando decidió cómo tener a su primer hijo: Matías.
“Mi primer embarazo fue muy deseado y bello, decidí cómo parir. Fue en casa, la fundación Aurora Madre fue la que me atendió y ayudó en ese proceso. La intención fue apoderarme de eso que estaba viviendo. Decidí ser duola con mi segunda hija Amelia, pero esa ayuda la ofrezco a familiares y amigas, que deseen tener esa mano amiga antes, durante e incluso después del parto”, comenta Isa Barrios.
Ser terapeuta reiki y doula, le permitió darle ese plus, ese agregado a la sensibilidad que tiene como bailarina y artista. Con su tercera hija Marcela y con su esposo Richard quien la apoyó en todos estos procesos, entendió que la palabra familia se extiende cuando le puedes ofrecer al otro la ayuda que necesita.
“Soy madre en los roles que realizo, porque todos se conjugan. Desde hace muchos años entiendo mi vida como la he llevado, en medio de lo natural, incluso de la adversidad, de la sensibilidad hacia el otro, todo va entrelazado”, dice con una sonrisa dibujada en su rostro.

 

Ivonne Márquez:Hacedora de lo real y lo mágico

Cocer es un acto de creación que comienza por enhebrar la aguja y sigue en cada puntada. Y si esa costura, es para dar vida a personas a través de la muñequería, entonces se convierte en una forma genuina de procrear, de dar ese aliento de vida a seres de tela y retazos.
Ivonne Márquez es muñequera y artista popular. Ella es la responsable de soplar suavemente, hasta que se produzca la magia, entre la combinación de colores y sueños, todos salpicados de nobleza y legítima inspiración, siempre consigue esa imagen en muñecos.
“Mi primer hijo Jorge Miguel tenía 4 años, comenzó a pedirme muñecos y yo no sabía nada de eso. Pero las madres siempre aprendemos cosas por nuestros tesoros. Luego con mi cuarto hijo Juan D’Jesús retomo la muñequería. Pero no es sino hasta que mis seis hijos crecen, que me dedico de lleno a esto. Se puede decir que el arte popular llegó luego de la maternidad”, describe parte de su historia, Ivonne.
Sin embargo, aunque se cataloga como artista popular, desde hace diez años estudia artes con su compañero de vida y maestro Roseliano García, para entender cómo es el proceso de creación desde las diferentes ópticas y herramientas que puede ofrecer desde cada una de las áreas.
Y aunque ella se define como una artista que va por la calle del medio y siempre en la búsqueda de la información y la formación, a través de esos muñecos que le borran de su mente las preocupaciones y tribulaciones del día a día, ha podido llegar a exhibirlos en exposiciones individuales. La primera en la Casa de la Cultura en Cabudare (2014) y la segunda en el Ateneo de Barquisimeto (2016). Además de impartir talleres y con otros creadores conformar una agrupación de artesanos, que desde el Museo de Barquisimeto, impulsarán y promoverán la creación larense.

Seis retoños
Son seis hijos: Jorge Miguel (34 años); Daniela (30 años); Diego (28 años); Juan D’Jesús (23 años); Juan José (21 años) e Ivon Vanessa (18 años).
Cada uno con una mirada y una personalidad diversa. “No sé si la suerte es de ellos o es mía, ya que en sus diferencias me ayudan a entenderlos y aceptarlos como son. No se dejan imponer etiquetas preestablecidas, cada uno tiene su identidad y su libertad. Todavía sigo aprendiendo. Es una maravilla ver a la gente joven, tienen otras prioridades distintas a las que yo tenía a esa edad”, habla la madre.
Se siente orgullosa de cada uno. El mayor Jorge Miguel es artesano y escultor, “es el diferente”. Daniela estudió Gerencia Bancaria y actualmente vive en Estados Unidos. Diego comenzó a estudiar Diseño en la UNEY, por razones laborales suspendió las clases, su pasión es la Fotografía.
Juan D’Jesús, Juan José e Ivon Vanesa se dedicaron a la música. Todos estudiaron en el Conservatorio Vicente Emilio Sojo. Juan D’Jesús se inclinó por la música electrónica, mientras que sus hermanos estudian la licenciatura de Música en la UCLA.
“Hay que dejar ser a los hijos, sin obviar la responsabilidad de guiarlos. Tu eres quien los formas, si los dejas solos se deforman. Todos son sensibles y ese es el principal arte: vivir”, dice.

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