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Sanciones porvenir

Las derrotas consecutivas del imperio en la OEA, hacen pensar que la imposición de sanciones económicas unilaterales podría ser el siguiente paso que dará el Gobierno estadounidense contra Venezuela. Según fuentes anónimas de la Casa Blanca, la Administración Trump estaría valorando aplicar medidas contra el sector energético venezolano. No tienen el derecho de su lado, pero sí tienen el poder fáctico para implementarlas a su antojo, por eso les importa poco si la OEA les proporciona o no el marco jurídico para arreciar su escalada.

 

Varios son los indicios que apuntan a este escenario:

 

1) Desde Washington saben que las sanciones a funcionarios y magistrados venezolanos han sido ineficaces, pues no han logrado intimidar un ápice a los líderes de la Revolución.

 

2) El llamado clima de opinión internacional es favorable a esta embestida. Buena parte de los gobiernos de América y Europa, sumados a las corporaciones mediáticas transnacionales, claman por acciones más contundentes que cercenen la continuidad del proceso bolivariano. Las actuaciones terroristas de la derecha en las calles se conjugan con la peregrinación apátrida de sus dirigentes por los palacios de los gobiernos intervencionistas para alimentar dicho clima.

 

3) Aunado a estos elementos, destaca la decisión de Trump de eliminar las protecciones ambientales que impedían la explotación de grandes yacimientos petrolíferos en Estados Unidos, así como la disposición de vender la mitad de sus reservas estratégicas de este hidrocarburo para compensar las reducciones de impuestos sobre las que se basa la estrategia de incentivos fiscales de su gobierno. Esto trae como consecuencia un relativamente inmediato incremento de la capacidad de autoabastecimiento para satisfacer su demanda interna. Si además consideramos que hay una sobreoferta de petróleo en el mercado mundial, podemos deducir que a Estados Unidos le costará muy poco reemplazar los casi 800 mil barriles de crudo que Venezuela le exporta diariamente. Nuestro país es el tercer proveedor mundial de crudo para el primer consumidor global, el que satisface cerca de un 5% de su demanda interna, según datos actualizados del Departamento de Energía de ese país. Como nunca antes, Estados Unidos podría prescindir con gran facilidad de la compra de crudo venezolano, sin que ello implique descalabro alguno en los mercados. Para Venezuela no sería poca cosa que el gendarme del norte decidiera una restricción unilateral de la venta de nuestro petróleo en el mundo. Sigue siendo nuestra principal fuente de divisas y seguimos siendo altamente dependientes de la renta que reporta al fisco nacional. A Irán le aplicaron un bloqueo similar al que consideran para Venezuela, aunque algunas de esas medidas fueron avaladas por el Consejo de Seguridad, otras fueron sanciones unilaterales. Si bien el caso venezolano es distinto, persiguen el mismo objetivo táctico: el estrangulamiento económico, el estallido social y la emergencia de un nuevo gobierno, títere por supuesto. Nuestro gobierno no estaría, en este escenario, de manos atadas. Tenemos alianzas del mayor nivel con Rusia y China, así como con otros gobiernos y agentes económicos que no limitan sus relaciones a los dictámenes imperiales. Aunque colocar 800 mil barriles de petróleo en un sobresaturado mercado no se alcanza de manera instantánea, no es descabellado pensar que Venezuela lo lograría más temprano que tarde entre sus potencias aliadas más afines. Otras sanciones de carácter comercial podrían imponernos, lo cual limitaría severamente nuestra capacidad de importar bienes de primera necesidad desde mercados vecinos.

 

Si bien padecemos desde hace un tiempo medidas de facto que restringen transacciones financieras importantes para el país, la formalización de sanciones contra nuestra Patria sería un paso más de una escalada en la que el usual poder coercitivo del imperio pondría en máxima tensión la capacidad de resistencia de nuestro pueblo. La inminencia en la aplicación de esta modalidad de agresión nos debe obligar a pensar en sus potenciales implicaciones económicas, (geo)políticas y sociales, a los fines de configurar oportunamente las respuestas y los escenarios de protección a nuestro Estado-nación. Estocada avisada no mata a soldado.

 

Caracas, martes 20 de junio de 2017.

LUIS QUINTANA

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