domingo , septiembre 22 2019
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El rescate de Lara por encima de las diferencias

 

La madurez política, la comprensión de la coyuntura y el sentido estratégico de las luchas deben imponerse sobre lo grupal, lo accesorio y los intereses individuales. Este debe ser el camino y la conducta a asumir por el verdadero revolucionario, echarse encima las molestias y las insatisfacciones y continuar en la búsqueda de construcción de la verdadera revolución, enseñando a nuestros líderes, a los verdaderos y a los acomodaticios y oportunistas,  una práctica política de profundo sentido democrático y una gran capacidad para escuchar y sentir la voz del pueblo y su llamado en momentos coyunturales como los procesos electorales. Debemos alzarnos sobre la mezquindad y la soberbia y seguir pensando y creyendo que en Lara solo el acompañamiento a la gobernadora Carmen Meléndez en su gestión de la mano del poder popular nos puede garantizar la continuidad del proceso revolucionario hacia la concreción del legado del comandante Chávez. Desgastarnos en este momento en una discusión sobre la conveniencia o no de tal o cual candidatura y jugar a su derrota porque el candidato nuestro no fue postulado es ver lo pequeño, lo inmediato y se le puede aplicar la conocida expresión de que “los arboles no nos dejan ver el bosque”.

Nadie en su sano juicio puede esconder la molestia que causa el método de cooptación, más aun cuando este invisibiliza a nuevos y viejos liderazgos locales y cuando el candidato que resultó  favorecido tiene algún grado de responsabilidad por los hechos que llevaron al estado Lara a estar por mucho tiempo en manos de la derecha. Estas divergencias son ya naturales en los procesos políticos cuando se trata de llamados electorales, tanto es así que en nuestro país se viene acuñando una palabra que pronto debe estar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua: Candidaturitis, que expresa un cuadro febril en el cual todos queremos ser candidatos para lo que sea. Detrás de esa fiebre electoral se esconden distintos intereses, muchos de ellos cargados del deseo de que me pongan donde “haiga”, otros se revientan afirmando que su candidato es el más adecuado y es la expresión de las “mayorías”, sin demostrar con hechos y pruebas el tipo de medición que se hizo para que ese candidato sea el que todos debemos aceptar. Rechazamos las imposiciones cuando nos “afectan” y consideramos negativos los cogollos cuando no formamos parte de él. Estas duras verdades debemos discutirlas y evaluarlas y preguntarnos a lo interno, desde el fondo de nuestra conciencia: ¿Cuándo queremos ser el postulado o cuando queremos que el postulado sea de mi grupo, realmente existe expresión del sentir de las mayorías?

Fijemos la mirada hacia el amplio horizonte que nos abrió Chávez y con nuestra conducta unitaria aleccionemos al liderazgo del partido. No vale de nada cualquier candidatura si no es en el marco de la revolución, y que garantice la permanencia de nuestro presidente Nicolás Maduro como conductor y guía de la revolución, en las elecciones a la presidencia del 2018. Las grandes revoluciones como la bolchevique, que está celebrando su centenario y la revolución cubana no se construyeron con pequeñeces y con inmediatismos. Que la unidad, siempre en el marco de la rebeldía e irreverencia que nos caracteriza, junto al sentido estratégico sea nuestro camino. Que nada nos saque de él.

 

YOEL MORALES

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