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Fidel Castro: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”

Hace 64 años el Comandante Fidel Castro pronuncia su alegato de defensa por el asalto al Cuartel Moncada, conocido como “La historia me absolverá”. Memorable discurso que sentó las bases del programa revolucionario cubano.

El 16 de octubre de 1953 inició un juicio contra del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, por los asaltos a los cuarteles de Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, ocurridos el 26 de julio de ese mismo año, cuando el líder revolucionario encabezó la primera acción armada contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958), en Santiago de Cuba. La expedición falló y el joven abogado Fidel Castro fue condenado a 15 años de prisión.

El Moncada era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres. Su lejanía de La Habana dificultaba el envío de ayuda. Además, Santiago se hallaba situada en la costa sur, junto al mar y rodeada de montañas, lo que podría servir de refugio a los asaltantes para una posible huida.

¿Qué hace tan importante este discurso?

Fidel Castro, licenciado en Derecho Civil, asumió su propia defensa y se valió de su admirable memoria para armar su tesis.

“Todas las personas que lo han escuchado comentan su talento. […] Su postura […] ha despertado verdadera admiración para con el revolucionario”, explicó la periodista Marta Rojas, quien estuvo presente en el juicio.

En su discurso, el comandante Fidel no solo criticó y le declaró la guerra a la dictadura de Fulgencio Batista, sino que también presentó soluciones concretas para resolver los graves problemas que aquejaban a Cuba como la distribución de la tierra, la industrialización, el tema de la vivienda, el desempleo, la educación y la salud.

“Lo inconcebible es que haya hombres que se acuesten con hambre mientras quede una pulgada de tierra sin sembrar; lo inconcebible es que haya niños que mueran sin asistencia médica, lo inconcebible es que el treinta por ciento de nuestros campesinos no sepan firmar, y el noventa y nueve por ciento no sepa de historia de Cuba (…)”, sentenció.

Igualmente, el comandante criticó arduamente al sistema capitalista y resaltó la necesidad de prescindir urgentemente de ese modelo económico. “El porvenir de la nación y la solución de sus problemas no pueden seguir dependiendo del interés egoísta de una docena de financieros, de los fríos cálculos sobre ganancias que tracen en sus despachos de aire acondicionado diez o doce magnates”. 

Con la contundente frase “Condenadme, no importa, la historia me absolverá” cerró su discurso de defensa que más adelante se convirtió en un manifiesto y delineó las bases fundamentales del programa revolucionario.

Se trata de un alegato impresionante, sin duda uno de los más importantes de la historia latinoamericana, tanto por su contenido como por las condiciones bajo las cuales se produjo”, reseña Telesur en su portal web.

Hoy muchos jóvenes llenos de ímpetu y fervor revolucionarios, no entienden que la grandeza de Fidel a los treinta años, no estaba solamente en su valor, sino en la combinación perfecta que le permitió entender que cambiar la realidad requiere de toda la sociedad operando por un objetivo común; logro hacer de la revolución una misión de todos, con todos. Pudo entonces ver hacia adelante.

No se improvisó, cada día estuvo lleno de accionar político acompañado por el estudio permanente. Esta era la vida de Fidel y de todo el pueblo cubano, que piensa en colectivo, que es capaz de entender el momento histórico y de enfrentar la lucha cotidiana desde la trinchera en la que cada quien sirve mejor. Fidel no era vanguardista, ni un sabio sin sabiduría; era un compañero revolucionario cuya misión era ser líder

  ¡Y la historia lo absolvió!

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