miércoles , octubre 23 2019
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El jardín bajo el sombrero

 

Por David Gómez Rodríguez

@davidgomez_rp

 

Uno nunca espera que un jardín con sombrero de repente se lance al mar, que decida unirse a los corales. Uno quisiera ver al jardín siempre regalándole motivos al crepúsculo para seguir iluminando la vida, especialmente en los ocasos, cuando parece que las cosas comienzan a ser consumidas por la oscurana. Por eso es preciso utilizar las palabras del poeta Cesar Vallejo, “Hay golpes en la vida tan fuertes que yo no sé, golpes tan fuertes como el odio de Dios”. La poeta Hiranis Serrano alza el vuelo y nos deja una sensación de tres puntos suspensivos. Hará falta su rebeldía, su paso por la ciudad, su abrazo, su inconformidad, sus versos, su fuerza, sus proyectos, su ternura. Muchos vimos a la poeta crecer, pues en realidad nos hemos visto crecer todos entre poemas, colectivos y batallas, amando una revolución a través de los mundos que íbamos construyendo con la lucha de clase, con una sopa en Guachirongo, con una crítica a los burócratas, en un recital, en una marcha o en los pasillos de la universidad, con un debate entre camaradas, “de corazón a corazón” como diría la propia Hiranis.

 

Daba gusto verla pasar con sus vestidos y sus sombreros, no andaba haciendo poemas, sino viviéndolos. Andaba construyendo a su paso una práctica cotidiana de la poesía, era un poema que montaba bicicleta, que sonreía, que tomaba y vendía cocuy, que se reescribía junto al camino. La ciudad fue su cómplice, el poeta José Miguel Méndez describe esta relación en un escrito al cual tituló “Oracion”:

 

Poeta, por estas calles propias que se pierden en la nada, Barquisimeto es el otro, las orillas de Salomón, la cúspide de la lluvia que reventó en esta fecha para comenzar otra vez a escribir con nuestros corazones, lo que tanto hemos perdido y hemos ganado, sólo la ciudad te merece poeta, tan tuya, con tu misterio, buscando acomodarse aquí en la palabra sentimiento, en las calles del centro te veía siempre con tu volcadura de cariño (…) Poeta has sido y estás en mi ciudad, con su gesta al crepúsculo ¿cuántas veces hemos cantado con rectitud antes que nos atrape la noche?, Nada más puede con nosotros sino la memoria y nada menos es más sino los sentimientos sencillos que te obsequió la vida. (…) De la forma que viene el crepúsculo en la ciudad viviste, el crepúsculo abandona siempre sus colores, hasta llegar la noche. (…) La ciudad fueron los tuyos, los moradores que te leyeron, perteneces a la poesía y las historias selladas en tus caminos.

 

Quisiera transportarme en forma de duende hasta esos caminos, o por lo menos hasta el Planeta Barquisimeto, para poder salir con poemas a recitar en plena avenida Vargas en tu honor, reeditar con los pasos la tercera edición de la revista “Chivos Sin Mecate”, esa revista que al nacer me invitaste a rociarle cocuy en forma de bautizo junto al poeta Neybis Bracho y Laura Castillo, quisiera poder transportarme y asumir la dinámica de esos días para emborrachar a todos con poemas y canciones, caer a coñazos a los ministerios por ser tan inútiles para tantas cosas. Trataría de hacer que la ciudad viva en cólera tu despedida y que después florezca tu ternura, y que luego al tenernos a todos en círculo comiencen los panfletos, para que nadie olvide que mucho queda por hacer. Me imagino la marcha de poetas, todos los de una generación que sigue sin rendirse, más los que nos regalaron sabiduría en un patio o en una biblioteca.  Contigo siempre recordaré los días que la ciudad era un festival permanente de colectivos, donde nadie se salvaba de la poesía porque andábamos en manadas transformando las cosas, como alquimistas, cada uno con su estilo, a garrotazos, con la estrella del Che o desde el centro del círculo. Te llevaremos así, activa, en el corazón, es decir, como escribió el poeta Daniel Gonzales, “te llevaré conmigo en ese abrazo de corazón a corazón. Se fue alguien que si supo volar. Que nos enseñó qué tanto se puede amar”. Y fue tanto lo que supiste amar que hoy cantamos con tu recuerdo desde Lara hasta las selvas de todo el país, me consta por los poemas que comienzan a brotar.

 

La figura bajo el sombrero

 

A Hiranis

 

¿Quién me venderá cocuy con un poemario de ñapa,

o un poemario con un cocuy como incitador de palabras?

Chocará la gente sin cólera, lo harán confundidas ahora que falta ciudad,

Se escapó un verbo que accionaba frases

que me inspiraban decir cosas que acabo de olvidar.

Llueve, todo el día llueve, no es el invierno,

son las sonrisas que habíamos hecho volar entre poemas,

cervezas y rarezas, caen como los crepúsculos de Barquisimeto,

Se fue la luz, aunque siempre se va la luz, pero esta vez se fue lenta,

m u y   l e n t a, Tanto que no me fijé que el bombillo ya no me encandilaba,

La próxima vez que vaya a guarolandia recorreré las calles

para leer los poemas que dejaste marcados

con los frenazos de la bici en el asfalto.

Sé que habrán cuentos, historias y letras,

habrán dizque poetas

con la panza llena de insultos técnicos que les hiciste comer,

habrán tertulias, recitales, locos de remate,

habrá palabras para ti, quisiera que las escucharas,

fuego que congela y arde en la extensión de nuestro territorio,

otra águila hace nido en los tepuyes de Venezuela,

desde allí suelta plumas para seguir escribiendo poesía.

No le pagues a Caronte, el honor de transportarte

a los Campos Elíseos será de él.

Buena navegación sonrisa loca,

me quedo con pedazo de tu memoria para no olvidar

la razón de estas lágrimas.

 

Jhon Gallardo

(Poeta de Amazonas)

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